Cómo alcanzar los objetivos que te propones

Nuevos objetivos: ¿una vez más?

¿Quién no se ha formulado alguna vez objetivos para el nuevo año? ¿Quién no se ha propuesto, en algún momento de su vida, cambios personales, familiares o profesionales? ¿Quién no se ha planificado para estudiar y alcanzar los resultados deseados? Todos, de una manera u otra, nos hemos planteado metas y objetivos muchas veces. Y en esa planificación se encierran dos cuestiones fundamentales: 1) cómo se formulan los objetivos; 2) cómo conseguir esos objetivos. Y el caso es que, aunque formulemos los objetivos y planifiquemos bien, no siempre lo conseguimos. ¿Por qué? Porque, además, necesitamos desarrollar nuestra Inteligencia instrumental para que lo planificado se haga realidad. Veamos en qué consiste.

La capacidad para planificar objetivos

Es interesante saber que estamos cerebralmente diseñados para planificar. La mayor parte de las funciones de nuestro organismo son automáticas, es decir, dependen de la mente involuntaria o inconsciente; y tales funciones son las más antiguas en términos evolutivos. Es así porque de ellas dependen los niveles básicos de nuestra supervivencia y de nuestro bienestar. Junto a estas funciones, en un momento de nuestra historia evolutiva, comenzamos a tener la capacidad de ser conscientes, es decir, de manejar datos de nuestra biografía a nivel consciente, lo que nos convirtió en organismos que podíamos tomar decisiones, y, además de ejecutar acciones automáticas o involuntarias, pudimos empezar a actuar voluntariamente, con consciencia. Empezamos a darnos cuenta de acciones y vivencias pasadas, y a recordarlas, y a distinguirlas del momento presente; y también comenzamos a imaginar un futuro. Esto hizo posible que aprendiéramos del pasado y que planificáramos el futuro. Y desde entonces vivimos el presente planteándonos objetivos para el futuro.

Entre otras cosas, estos mecanismos cerebrales nos han permitido desarrollar nuestro talento individualmente y como especie, y también darnos cuenta de que no siempre conseguimos alcanzar los objetivos que nos planteamos. ¿Y por qué en ocasiones no los logramos? Puede ser porque no hayamos formulado bien los objetivos, o porque no hayamos trazado bien el camino hasta ello. Y también puede ser, y esto es lo que pasa muchas veces, que no hayamos desarrollado nuestra inteligencia lo suficiente. A veces confundimos el talento con la inteligencia intelectual, y esta confusión puede llevar a la no consecución de objetivos.

Objetivos e inteligencia

Definir la inteligencia no es algo fácil; por eso solemos recurrir a aproximaciones. Una de ellas es la del doctor Enrique Rojas, quien describe la inteligencia como “un conjunto de operaciones para manejar la información remota y reciente que da como resultado un comportamiento positivo, equilibrado y sano”. Solemos reducir la inteligencia a lo que se denomina “inteligencia teórica”, pero, en la línea del doctor Rojas, ésta sólo es una de todo un elenco de inteligencias que configuran nuestra capacidad humana. Las que considero que reúnen lo principal, son:

  • Inteligencia teórica o intelectual: capacidad para moverse en el terreno abstracto, de los conceptos, las ideas, los juicios y el raciocinio. Opera con los hechos, el rigor, el pensamiento y la lógica.
  • Inteligencia práctica: facultad para resolver problemas y dificultades de orden operativo. Es la imagen de la mujer y del hombre en acción. Es más imaginativa y extensa que la teórica, y también más superficial.
  • Inteligencia social: facultad para moverse con soltura en las relaciones interpersonales.
  • Inteligencia emocional: capacidad para aunar los instrumentos de la razón y los de la afectividad.
  • Inteligencia discursiva: facilidad para expresarse en un lenguaje adecuado, capaz de transmitir su contenido de forma positiva y suficiente, y que alcanza al interlocutor con recursos adecuados para que las ideas lleguen.

Objetivos y educación

Nuestro sistema educativo está montado sobre la primacía de la inteligencia teórica, por no decir que gira únicamente en torno a la inteligencia teórica. Y parece que sólo las instituciones educativas que cuentan con ideario propio, alejándose del pensamiento unidimensional (en términos de Herbert Marcuse), tratan de aportar un valor añadido en relación al resto de inteligencias. Así, aunque la capacidad de planificación es un logro evolutivo, al no haber sido educados en el conjunto de inteligencias que podemos distinguir, ocurre en muchas ocasiones que no logramos los objetivos que nos trazamos y nos frustramos, lo que supone un conflicto añadido. Y si no hemos sido educados en la totalidad de nuestras inteligencias, menos aún lo hemos sido en relación a, por ejemplo, la pasión vocacional, eje central de nuestra motivación, pues no sólo se halla en la raíz de la motivación intrínseca, sino que condiciona la vivencia de la motivación extrínseca.

De lo que se trata, en última instancia, es de la cuestión de la personalidad, una parcela de la identidad personal, conforme a la propuesta del neurobiólogo Antonio Damasio. Una cuestión un tanto olvidada en los sistemas educativos, pero que ha estado presente en las escuelas para la vida en Occidente al menos desde los tiempos de las escuelas filosóficas griegas, cuya herencia ha llegado culturalmente a nuestros tiempos desde el cauce cultural del cristianismo. Forjar la personalidad es el fin de las técnicas y métodos de crecimiento personal, y en ello, una inteligencia auxiliar, que podemos llamar inteligencia instrumental cobra el protagonismo para la planificación.

Claves para hacer realidad los objetivos

Nos hacíamos la siguiente pregunta: ¿por qué muchas veces no conseguimos nuestros objetivos? En ocasiones, lo que ocurre se debe a que no hemos desarrollado nuestra inteligencia lo suficiente. Para desarrollar la inteligencia (o el conjunto de inteligencias que componen la capacidad humana), necesitamos la inteligencia instrumental: cinco dimensiones principales de la personalidad que dan como resultado una conducta que hace que se lleve a cabo la planificación y se alcancen los objetivos. Estas cinco dimensiones potencian el resto de inteligencias y permiten que se desarrolle el talento personal. Son: orden, constancia, voluntad, motivación y atención o capacidad de observación.

Los objetivos y el orden

Rojas describe el orden como “saber lo que queremos y quitar lo que sobra”. Y en este sentido habría un orden estático y un orden dinámico. El orden estático implica que las cosas están en su sitio, y por eso podemos decir que la habitación, el despacho, la carpeta, la mesa, son retratos psicológicos de cada uno de nosotros. El orden estático también implica un horario, una agenda, gracias a los cuales el tiempo se multiplica. Con el orden estático estamos ante el arte de aprovechar el tiempo con serenidad.

El orden dinámico indica saber hacia dónde te diriges, qué quieres hacer cuando seas mayor o en un futuro, cuáles son tus modelos de identidad a los que miras y en los que te fijas. La persona que no sabe lo que quiere no puede ser feliz. Y también es cierto que quien quiere demasiadas cosas, se dispersa, y, como veremos más adelante, mantener el foco en el objetivo es imprescindible para la motivación. Orden implica saber lo que se quiere, y esto se traduce en objetivos medibles y en aprender a separar y posponer lo que les estorba, e incluso desprenderse de ello. Para saber lo que quiero (no lo que he aprendido que otros -o la sociedad- quieren de mí y que he hecho mío) necesito saber quién soy.

Por todo esto, ordenar la vida tanto material como dinámicamente es quitar lo que estorba. Por eso, orden significa paz, serenidad, sosiego…

Un primer resumen H3 En este artículo hemos visto cómo, además de estar biológicamente diseñados para planificar y tomar decisiones, contamos con las diversas inteligencias para poder llevar a la vida los objetivos para los que planificamos. De entre estas inteligencias, una de ellas, la Inteligencia instrumental, hace posible que todo ello salga adelante. La Inteligencia instrumental se compone de cinco dimensiones de la personalidad, que son las cinco claves para hacer realidad los objetivos. En este artículo nos hemos referido a la primera, al orden. En los siguientes artículos nos ocuparemos del resto: constancia, voluntad, motivación y atención.

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