Felicidad: una receta de múltiples ingredientes


Felicidad: una receta de múltiples ingredientes

¿Cuál es la receta de la felicidad? ¿Se trata de una pócima secreta o es algo que está al alcance de cada persona? La felicidad es algo sobre lo que todos, seguramente, hemos debatido alguna vez. Y nos preguntamos cosas como ¿la felicidad se consigue, se tiene ya y sólo hay que buscarla, no existe realmente, está únicamente en la cabeza…? ¿Cuáles son sus ingredientes? Es muy posible que todos estemos de acuerdo en una cosa acerca de la felicidad: es compleja y tiene más de una cara. No obstante, si nos detenemos a desentrañar su “receta”, a analizarla, podremos comprobar que, entre todos sus ingredientes, hay uno que destaca, hay un ingrediente principal. Y tanto es así que, si este ingrediente faltase, ya no estaríamos ante la receta de la felicidad. Si en nuestro “guiso” cambiamos alguno de los otros ingredientes, estaríamos ante una variedad de la receta de la felicidad, pero sigue siendo una receta de la felicidad. Por el contrario, si quitamos el amor, cambiaríamos la receta, y ya no sería de la felicidad. Y puede que esté buena, ¿por qué no? Pero no sería felicidad… Entonces, ¿es suficiente el amor para ser feliz? Hoy, la psicología y la neurobiología aportan datos importantes al respecto.

¿Es suficiente el amor para que haya felicidad en tu vida?

No es fácil responder a esta pregunta: ¿es suficiente el amor para ser feliz? Se trata de algo complejo que la humanidad lleva siglos planteándose. Hay dos cuestiones que, cuando se aclaran, nos abren el horizonte y nos ayudan a entender y a sentir la importancia del amor para ser plenamente felices. La primera cuestión es que no todo lo que llamamos amor es amor, o, si lo es, entonces conviene distinguir entre tipos de amor. La segunda cuestión se refiere a que, para que el amor sea la raíz de nuestra vida, necesitamos superar los obstáculos que impiden este enraizamiento.

La primera cuestión presenta uno de los aspectos principales de la felicidad: la felicidad plena requiere haber experimentado el amor en su grado más pleno. Esto incluye la experiencia trascendente. Y la segunda cuestión nos presenta otro aspecto principal de la felicidad: la necesidad del entrenamiento para superar lo que obstaculiza que nos acerquemos a ella. Es lo que, desde antiguo, nos hemos propuesto como camino o ejercicio espiritual.

La felicidad es como un buen pan

Podemos pensar en la felicidad como si fuese un buen pan: nutre más cuando se le ha dado el tiempo necesario para que la fermentación de la masa madre sea la adecuada, cuando se ha cuidado la temperatura para que sea posible la fermentación adecuada, y cuando se ha empleado una harina de calidad que no acabe con los nutrientes, como ocurre con harinas de mala calidad, aunque el aspecto final del pan sea el mismo o similar. Cuando te alimentas con un pan de mala calidad, si bien su aspecto puede ser excelente e incluso puedes saciar tu hambre, a la larga es posible que llegues a enfermar.

De la misma manera que en el mundo de la panadería encontramos recetas más o menos sabrosas, más o menos saludables y nutritivas, en el mundo de la felicidad también encontramos “recetas” más plenas o menos plenas, “felicidades” que nutren más y “felicidades” que nutren menos, e incluso algunas que resultan, a medio o largo plazo, nocivas. Como ocurre con los panes, no basta el aspecto superficial para saber si es el mejor o no.

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