Felicidad: una receta de múltiples ingredientes

Tipos de amor

Vamos a adentrarnos en la primera de las cuestiones planteadas diciendo algo sobre los tipos de amor. Normalmente, cuando charlamos sobre estos asuntos, no solemos ponernos de acuerdo en qué es el amor y en qué es la felicidad. La humanidad, que es más sabia de lo que en ocasiones nos creemos, ha distinguido desde antiguo entre varios tipos de amor. Con ello no necesariamente se alude a unos convenientes y a otros no, aunque también puede ser, sino a experiencias diferentes a las que nos referimos con el mismo término (“amor”) y que no son iguales.

El amor como eros

Por ejemplo, como expongo en mi libro La meditación en Occidente. Filosofía, religión y neurociencia, nuestro término “amor” engloba varias palabras griegas diferentes. Una de ellas es la palabra eros. Los antiguos griegos dieron el nombre de eros al amor de pareja. El amor entendido como eros emerge en la vida humana como una promesa de felicidad irresistible. Y es un tipo de amor que no nace del pensamiento o la voluntad, sino que en cierto sentido se impone al ser humano.

No obstante, no consiste simplemente en dejarse dominar por el instinto, ni se relaciona tan sólo con la dimensión sexual, sino que tiene que ver con recorrer el camino de maduración que el eros requiere para alcanzar sus cotas más altas. Así, el amor entendido como eros es la oportunidad para recorrer el camino que comienza en la búsqueda de uno/a mismo/a, como búsqueda de la propia felicidad, y termina en el ansia del bien de la persona que se ama. El recorrido entre un estadio y otro es el camino de maduración del eros. Esta maduración implica la integración de las dimensiones corporal y espiritual del ser humano, y requiere la entrega a la otra persona y el compromiso con ella.

El amor como agapé

Esa vivencia desde el eros maduro es la que recoge otra de las palabras griegas englobadas en nuestro término “amor”: es la palabra agapé. Vivir el amor como agapé supone aproximarse a la otra persona planteándose cada vez menos cuestiones sobre sí mismo/a para buscar cada vez más la felicidad de esa otra persona y preocuparse por ella; es aproximarse a la otra persona queriendo entregarse y deseando “ser para” él/ella.

Entonces, el amor como agapé está inserto en el eros inicial. Esto implica que un eros que no alcanza el agapé no es un amor maduro; un eros que no ha sabido salir de su búsqueda de recibir amor no ha alcanzado sus cotas más altas. Y también implica que un agapé que no reconoce la legitimidad del eros es del mismo modo inmaduro, por muy oblativo y entregado que sea. Hablar de amor, por tanto, es referirnos a una única realidad con diversas dimensiones. Cuando las diversas dimensiones se separan, estamos ante una forma mermada de amor. La madurez del amor implica saber dar y recibir amor.

Agapé y trascendencia

Todo el que haya dado unos mínimos pasos en su camino de maduración del amor sabrá que es muy difícil, por no decir imposible, amar a la otra persona sin dejarse, aunque sea, un resquicio de búsqueda de felicidad para sí mismo/a, es decir, sin preocuparse por uno/a mismo/a ni en un grado mínimo cuando quiere entregarse y desea “ser para” la persona amada plenamente. Podríamos decir que ésta es la experiencia más común.

Y junto a esa experiencia, los que han dado unos pasos suficientes en su camino espiritual también saben que la experiencia trascendente es la que hace posible que nos acerquemos al amor como agapé. La experiencia trascendente nos invade de tal manera que nos trans-forma, nos cambia la forma de estar en el mundo, y nos llena de una fuerza amorosa que nos permite comprender que el amor no es solamente un sentimiento. Los sentimientos van y vienen, y pueden ser una maravillosa “chispa inicial”, pero no son la totalidad del amor.

Amor trascendente y neurobiología

Esta experiencia trascendente es una experiencia de sentido. En términos biológicos, esto quiere decir que preeminentemente tiene lugar, en una zona específica del bulbo raquídeo de nuestro cerebro, aunque para ello se requiera la activación de otras zonas cerebrales que hacen posible el funcionamiento de la primera. La experiencia de sentido es una facultad de la conciencia biológica, como explica el neurobiólogo de fama mundial Antonio Damasio en su libro La sensación de lo que ocurre. Cuerpo y emoción en la construcción de la conciencia. Biológicamente, según Damasio, la conciencia no sólo es anterior al entendimiento en términos evolutivos, sino que es previa a éste en el acto de conocer lo que nos ocurre. Esto implica que la experiencia de sentido, como acto de conciencia, acontece en regiones cerebrales diferentes de las del entendimiento. Ésta es la razón por la que a la experiencia trascendente no se accede desde el entendimiento. Necesitamos, por tanto, ir más allá del entendimiento, más allá de nuestros pensamientos y emociones para acceder a la vivencia trascendente.

Por tanto, para hacer nuestra la experiencia trascendente y caminar hacia la plenitud del agapé, necesitamos llevar nuestra atención a parcelas de nuestra vivencia que no le corresponden al entendimiento sino a la conciencia. Necesitamos, por tanto, recorrer un camino que nos ayude a sosegar nuestras tensiones, nuestras emociones y nuestros pensamientos para poder salir de la forma de entender acostumbrada y aprendida y adentrarnos en la comprensión de la conciencia. Ello requiere, en primer lugar, un entrenamiento de la atención, para poder mantenerla en la conciencia y no en nuestras emociones y en nuestros pensamientos. Esto es parte del camino o ejercicio espiritual al que me he referido al inicio.

El amor como philia

Otra de las palabras griegas que nuestro término “amor” engloba es la palabra philia, que se refiere a la amistad entre las personas. Esta palabra no supone demasiada controversia en cuanto a los contenidos del amor se refiere, pero es igualmente imprescindible al hablar de la felicidad, pues la necesidad de amigos y de vida social resulta incuestionable para la felicidad, como veremos más adelante.

Gonzalo Serra Fernández

Acerca de Gonzalo Serra Fernández

PRESENTACIÓN GENERAL: ///• Gonzalo Serra, entusiasta del mundo del desarrollo personal, ha dedicado su carrera al empoderamiento de la pasión vocacional de las personas en el mundo empresarial y educativo. Su experiencia le ha hecho descubrir que puede ayudar a personas y empresas a desarrollar sus capacidades para conseguir sus objetivos y ser felices. Se ha convertido en un experto en procesos de rendimiento y bienestar. Fundador y Socio Director del Instituto de Alto Rendimiento (IAR), ha generado una metodología propia con la que realiza actividades de formación y acompañamiento personalizado. Creador del método Neuromeditación. Ha escrito varios libros. Ha participado en congresos, radio, y es articulista y conferenciante. ///• Formado para el mundo empresarial, está vinculado a los entornos educativos y universitarios, lo que le hace especialista en las áreas de mejora de la preparación para el mercado y en la formación del mercado para la mejora. Dedicado durante años a liderar equipos de docencia y formación, nacionales e internacionales, aporta soluciones para el liderazgo y para la gestión del talento. Coordina los estudios de I+D+i de IAR. ///• Miembro de la Orden de San Agustín hasta 2010. Colaborador del Instituto Potencial Humano (IPH) como Coordinador de formación desde 2011 hasta 2014 y como Trainer en PNL hasta 2016. Eventualmente, también colaborador en los cursos de Coaching. Socio fundador de OCCI, Organismo Internacional Certificador de Coaches Profesionales. Profesor colaborador de la Universidad de Deusto desde 2013. ///• Complementó su formación con PNL, Coaching y el Máster en Psicología Transpersonal con IPH; Coaching Sistémico con Network Connections; Liderazgo con Robert Dilts y Gestión del talento con Judith DeLozier; Meditación para la gestión de los estados personales con Concha Quintana (escuela de Durckheim) y Mindfulness (Método BSRP de la Universidad de Massachusetts para la reducción del estrés) de la mano de Alejandra Vallejo-Nájera. FORMACIÓN ACADÉMICA: ///• Universidad de Valladolid (España) Filosofía (2009) ///• Universidad de Comillas (Madrid, España) Teología (2004) ///• Universidad Complutense (Madrid, España) Ciencias Empresariales (1997)

Una respuesta en “Felicidad: una receta de múltiples ingredientes

  1. AvatarShara

    He leído con gran interés su artículo sobre Felicidad: una receta de múltiples ingredientes y
    puedo decir que es uno de los mejores artículos que he leído.

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