Inteligencia emocional: ¿a qué tienes adicción?

Inteligencia emocional

La Inteligencia emocional tiene relación con las adicciones

¿Sabes ya a qué tienes adicción? En esos términos, podríamos referirnos a nuestras vidas, y cada vez más. Con ello quiero hablar de nuestra vida emocional, de nuestra inteligencia emocional, de nuestra forma de gestionar nuestro día a día y de las herramientas que utilizamos para ello. El fundamento se encuentra en el proceso de formación de emociones y sentimientos.

Podríamos describir el proceso emocional de forma resumida como sigue:

1º. Dado un estímulo emocionalmente competente, el cuerpo reacciona y cambia nuestro estado físico (emociones), lo que genera pensamientos (mapa cognitivo) que comienza a interactuar con esas emociones, y ambos comienzan a influirse mutuamente.

2º. En la medida en que percibimos las sensaciones y los pensamientos que les acompañan (representación cerebral), emergen los sentimientos.

3º. Y en todos estos procesos se han disparado neurotransmisores, péptidos, hormonas y enzimas como la dopamina, la serotonina, la oxitocina, el glucomato, las endorfinas, la adrenalina y otros que hacen posible la supervivencia, pues tal es el fin de los procesos afectivos (emociones y sentimientos). Y de tal modo, conforme a la situación y circunstancias, se desencadena un proceso afectivo que nos hace sentirnos bien (y lo llamamos positivo), u otro que nos hace sentirnos mal (y lo llamamos negativo). Sin embargo, ambos son necesarios y beneficios para nuestra supervivencia.

La gestión de hábitos

La clave está en dos aspectos subyacentes en estos procesos:

En la medida en que nuestros aprendizajes nos llevan a afrontar las situaciones de la vida siempre o casi siempre de la misma manera, se generan en nosotros hábitos de conducta que producen una “adicción” a los preparados químicos (los citados anteriormente) correspondientes a los procesos afectivos a los que nos hemos habituado.

1. Dado que los procesos emocionales y sentimentales (afectivos) tienen una componente mental que influye y a su vez se ve influida por emociones y sentimientos, el cerebro es capaz de generar procesos “como si” que ahorran tiempo y energía, ganando en eficacia y en eficiencia.

2. Y, a la vez, estos procesos “como si” que se producen inconscientemente, pueden ser generados también conscientemente. Y por eso podemos elaborar herramientas mentales para la gestión de las emociones y de los sentimientos.

La unidad mente – cuerpo y la Inteligencia emocional

Con estas “fichas” y con el “tablero de juego” que es la unidad mente-cuerpo, nos empeñamos, lógicamente, en “sentirnos bien”. Hablamos de unidad mente-cuerpo, pero los separamos pedagógicamente para poder estudiarlos y gestionarlos, eso sí, sin confundirlo. La mente es el cuerpo: células, química, redes neurales, sangre… Y el cuerpo es la mente: representaciones cerebrales de lo que ocurre en el cuerpo y fuera de él, determinadas partes del cerebro, los sentidos… Todo esto lo explica muy bien Antonio Damasio en su libro En busca de Spinoza. Para intentar sentirnos bien, cada día buscamos maneras de afrontar tanto lo que nos pasa como lo que provocamos que nos pase, maneras que generen en nosotros estados placenteros. Y, aunque no solemos saberlo, con ello estamos buscando nuestra dosis de dopamina, o serotonina, u oxitocina, o endorfina, etc. a la que nos hemos hecho adictos. Y al placer que disfrutar de estos compuestos químicos nos produce, muchos, errónea y reduccionistamente, lo llaman felicidad.

Esto es una cuestión de supervivencia: el dolor y el placer son las consecuencias afectivas que nos llevan a movilizarnos en la vida para sobrevivir. Así, en nuestra vida nos alejamos del dolor y nos movemos para que desaparezca, y nos acercamos al placer y nos movemos para que cada vez tengamos más. La gestión emocional, la inteligencia emocional, se refiere a esto: al distanciamiento del dolor y a la búsqueda del placer. Pero tan sólo en su nivel más básico. Tanto es así que eso lo hacemos constantemente de forma inconsciente. Sin embargo, la talla humana nos hace capaces de mucho más: somos capaces de elegir conscientemente cómo, cuándo y con quién damos sentido a nuestros actos de alejamiento del dolor y a nuestros actos de acercamiento al placer.

Métodos para la Inteligencia emocional

Métodos naturales

Siguiendo la línea explicativa de Joe Dispenza, nos conviene caer en la cuenta de cuáles son nuestras adicciones emocionales y de los métodos que estamos utilizando para satisfacer nuestra “dosis” diaria. Disponemos de múltiples maneras para la búsqueda de nuestra “dosis” química de afectos. Aunque todas esas maneras se basan en nuestra naturaleza, podemos distinguir entre métodos naturales y métodos artificiales.

Deporte, yoga, meditación…

Métodos naturales pueden ser: el deporte, el yoga, la meditación, y técnicas menores como relajaciones, visualizaciones, etc. También otras formas fáciles y cotidianas como comer o beber determinados alimentos y bebidas, o dormir. Éstos son métodos naturales porque estamos provocando que se pongan en marcha los mecanismos de los procesos afectivos sin “saltarnos” ningún paso. No obstante, aunque son métodos naturales, algunos tienen “contraindicaciones”, pues practicarlos en exceso o por adicción puede resultar perjudicial, para uno/a mismo/a y para los demás.

Ir de compras, el sexo…

Otro tipo de métodos naturales son los que se fundamentan en nuestros deseos (que podríamos describir como constructos mentales que desencadenan procesos afectivos) y no tanto en los instintos y la supervivencia. Algunos de estos métodos pueden ser ir de compras, el sexo, u otros. Si estas prácticas forman parte de nuestro día a día no es porque esté en juego nuestra supervivencia. Se podría argumentar que el sexo es un apetito de nuestra naturaleza como el hambre, la sed o dormir, y que de ello depende la supervivencia de la raza humana. Aun siendo cierto, y aun perteneciendo al mismo tipo de mecanismo instintivo e inconsciente que el hambre y la sed, también es cierto que nadie ve amenazada su supervivencia individual por no satisfacer sus instintos sexuales, lo que no ocurre con el hambre, la sed y dormir.

Cada uno puede considerar, por ejemplo, el tiempo que ha dedicado en el conjunto de su vida hasta ahora a satisfacer el instinto sexual y compararlo con el tiempo dedicado a comer, beber o dormir. Algo distinto es cómo a cada uno o una le esté afectando el sentido que él o ella otorga al hecho de satisfacer más o menos su instinto sexual. Y esto está vinculado al propio mapa mental, a los deseos y hábitos individuales (conscientes o inconscientes), y no al instinto.

Sin duda, a día de hoy (veremos qué opciones nos depara el futuro), el sexo es necesario para la supervivencia de la raza humana, pero no para la adecuada y adaptativa gestión emocional, que es el tema que estamos abordando. Por eso, no tratamos de decir que haya que despreciar el sexo, sino de enmarcarlo, en términos de inteligencia emocional, en una perspectiva conveniente.

Los métodos naturales que se fundamentan en nuestros deseos se desencadenan por un objeto emocionalmente competente que no afecta “desde fuera” a nuestra supervivencia, pero sí afecta “desde dentro”, porque la representación mental que generamos a causa de nuestros deseos provoca procesos afectivos que nos llevan a comportamientos para la búsqueda del placer, con lo que, de nuevo, estamos buscando nuestra “dosis” química. Igualmente que en los casos anteriores, el exceso o la adicción pueden resultar muy perjudiciales.

El trabajo

Otro tipo de método natural es el trabajo, el desempeño profesional. ¿Quién no conoce a alguien que trabaja de sol a sol, prácticamente todos los días? ¿Quién no sabe de alguien que, si no tenía pocas cosas que hacer, acostumbra a “meterse en líos”, proyectos nuevos constantemente? No podemos saber qué hay “debajo” de esas conductas sin explorar caso por caso, y, no obstante, en muchas ocasiones, el trabajo sirve de válvula de escape, o nos provee de algo más que de medios económicos (estatus, fama, etc.).

Junto a la satisfacción por el trabajo bien hecho y por la aportación que cada uno hace a la sociedad con ello, el desempeño laboral satisface deseos internos, muchas veces inconscientes, que provienen del propio mapa mental personal, compartido por muchos, pero no necesariamente como fruto de los instintos o motivaciones homeostáticos. Sin olvidar, que también el miedo afecta en este ámbito: miedo a qué dirán mis compañeros de trabajo, a lo que piense mi jefe/a de mí, miedo a no ganar lo suficiente, a no tener medios en el futuro, a no poder cumplir mis sueños… No obstante, este miedo tampoco procede “de fuera”, sino “de dentro”, de las propias representaciones mentales que cada uno nos hacemos de la realidad que vivimos, por mucho que sean aprendidas, heredadas o transmitidas por nuestro entorno.

Métodos naturales virtuales

Y podemos considerar un tipo más entre los métodos naturales, los virtuales. La tecnología ha posibilitado que podamos incorporar a nuestra vida cotidiana las ventajas de la información masiva e instantánea, de la interacción personal y grupal en tiempo real, ya sea con gente cercana o a miles de kilómetros de distancia, la generación de universos paralelos o de realidad virtual, el ahorro de tiempo y el aumento de las comodidades, por ejemplo con la compra y la posibilidad de hacer gestiones bancarias, administrativas, etc., online. E igualmente hemos incorporado el uso y disfrute de películas, series, vídeos, redes sociales, videojuegos, y más.

La mayor parte de estas cosas, tratando de ser benévolo, no están fundamentadas en la supervivencia ni están enfocadas hacia ella. Nos hacen la vida más cómoda y más agradable, y podríamos detenernos a charlar y generar polémica acerca de si, además, nos llevan a una vida “mejor”. Pero no es el caso. La intención es ocuparnos tan solo de lo que se refiere a la gestión emocional. ¿Cuántos utilizamos estos medios para desestresarnos, evadirnos, distraernos, descansar o pasarlo bien? ¿Cuántas horas al día se nos va en ello, incluso durante el trabajo? Si hacemos este uso es porque o bien nos estamos alejando del “dolor” (algo que no nos agrada), o bien nos estamos acercando al placer (a algo que nos agrada). O ambas cosas. Y si ocurre esto es porque con ello conseguimos nuestra “dosis” química. Y ya sabemos que el exceso o la adicción pasan factura también a través de estos medios, y no únicamente la económica.

Este método no sería artificial, a pesar del uso de la tecnología, pues no se está “saltando” ningún paso de los procesos afectivos naturales. Sin embargo, no se basa en la supervivencia sino en los deseos: ninguna persona permanece “enganchada” a las redes sociales, a la TV o a Internet por necesidad e instinto, lo hace por una satisfacción del bienestar. Y ese bienestar atiende a deseos y a mapas mentales, atiende al sentido que cada persona está otorgando a sus conductas al respecto.

Métodos artificiales

Junto a los métodos naturales disponemos de los que podemos denominar artificiales. Estos métodos se sirven del “bucle como si“, que de forma natural e inconsciente se genera en multitud de procesos afectivos. Este bucle es un “engaño” que la mente hace al cuerpo, de manera que evita que se pase por la fase emocional, es decir, se “salta” el paso de la variación del estado físico (cambios en la tensión muscular, en la coloración de la piel, en la respiración, en la velocidad cardíaca…) para ir directamente a la fase de comunicaciones internas que generarán la química y las respuestas del organismo correspondientes. La mente, entonces, actúa “como si” hubiera tenido lugar la fase emocional y el cuerpo hubiera adoptado un determinado estado físico que conduce a determinados estados mentales que suponen dolor o placer, y que nos movilizan para alejarnos o acercarnos a ello.

La Programación Neurolingüística (PNL)

Un ejemplo de método artificial es alguna de las técnicas de Programación Neurolingüística (PNL), que consisten en el trabajo de modificación de la representación mental que está generando en nosotros determinadas conductas. Se puede conseguir una modificación de este tipo para superar dificultades y limitaciones y también para potenciar las fortalezas y oportunidades. Al modificar el mapa mental personal, conseguimos la “dosis” química adecuada para generar los cambios conductuales.

Consumo de drogas

Otro tipo de método artificial es el consumo de drogas. Este método ha sido utilizado desde antiguo en casi todas las culturas y civilizaciones, si no en todas. Actualmente, la medicina occidental se sirve de ellas para conseguir cambios en los estados emocionales y afectivos en general, y cambios conductuales de los pacientes. Otras medicinas tradicionales también se han servido y se siguen sirviendo de ellas.

Las drogas introducen directamente en el organismo sustancias químicas que provocan respuestas en el cuerpo y así en la representación cerebral, en el mapa mental de lo que se esté viviendo. Se genera con ello un tipo de bucle “como si” que se “salta” el proceso emocional y el proceso de representación mental que posibilitan los sentimientos que estén en la base de las conductas que se quieran cambiar. Y, aunque estas drogas tienen contraindicaciones y efectos a veces dañinos y no deseables, se considera que el beneficio obtenido supera a los perjuicios provocados.

En estos casos, la “dosis” química es conseguida externamente. Pero, aunque pueda parecerlo, hoy la neurobiología sabe que no basta con introducir química en el organismo para conseguir lo que naturalmente consiguen el cuerpo y la mente, ya que en todo el proceso de generación de emociones, sentimientos y mapas mentales que conducen a las acciones, intervienen varias áreas cerebrales, y lo hacen como un equipo, interactuando, algunas partes a la vez, otras en cadena, por lo que resulta más que relevante en qué parte del organismo y en qué momento del proceso se está generando la química adecuada.

Pero el uso de drogas no se circunscribe al ámbito de la medicina. Es un uso también extendido en el ámbito social y particular. Las drogas se consumen por iniciativa propia para la evasión del dolor y para la búsqueda del placer. En esta ocasión, su consumo está directamente relacionado con la gestión emocional, sea de una manera más o menos consciente, más o menos informada, más o menos buscada.

Este método artificial conlleva muchos problemas. Uno es que atiende (consciente o inconscientemente) sólo a los síntomas y no a las causas, por lo que no puede presentarse como un método para alcanzar soluciones definitivas. Otro problema, como explica Damasio en el citado libro, estriba en que algunas drogas pueden falsear los mapas mentales, o representaciones cerebrales, de la alegría, con lo que no reflejarán el estado real del organismo. Así, en último término, la mejora es biológicamente insostenible y es el preludio de un empeoramiento de las funciones.

Además, junto al hecho de tener muchos efectos perjudiciales individual y socialmente, su uso excesivo y adictivo resulta destructivo para la persona y el entorno. En cualquier caso, con este método artificial estamos consiguiendo también la “dosis” química buscada para el alejamiento del dolor o para la búsqueda del placer.

Cómo gestionas tus emociones

Por supuesto, cada uno podemos estar utilizando en nuestra cotidianidad varios métodos a la vez, incluso aunque algunos puedan oponerse. Seguro que en nuestro día a día utilizamos métodos naturales basados en la supervivencia y en los deseos, tecnológicos o no, y puede que los compaginemos con métodos artificiales como las drogas tipo fármaco (y puede que otras), a la vez que utilizamos herramientas artificiales como la PNL…

Algunas preguntas que podemos hacernos son: ¿qué métodos estamos utilizando para nuestra gestión emocional?; ¿soy consciente de ellos y de lo que hago?; ¿a qué somos adictos?; ¿cuáles son los inconvenientes de nuestras adicciones?; ¿cuál es tu “droga”, cuál de las expuestas (y otras) es la tuya, de la que te sirves cada día para gestionar tus emociones?

Todas estas preguntas, y más, pueden ayudarnos a hacernos más conscientes de quiénes estamos siendo, de cómo nos comportamos, de las maneras en las que afrontamos las circunstancias de nuestros días… La gestión emocional comienza por la autoconciencia o la consciencia de mí mismo/a, por la atención a la forma en la que me estoy manifestando en el mundo. A partir de ahí, podemos ejercer la autogestión o autorregulación, y poner en juego las competencias emocionales de que se nutren las habilidades emocionales y sociales de la Inteligencia emocional. Podemos desarrollar las que manejamos y aprender otras nuevas.

Se trata de ser cada día más emocionalmente inteligentes. ¿Quieres que las cosas cada vez te vayan mejor? ¿Quieres mejorar tu bienestar? ¿Quieres mejorar la disponibilidad de tu talento? ¿Quieres mejorar tu proceso de toma de decisiones? Activa y potencia tu Inteligencia emocional.

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